

Endeudamiento en los hogares. Ingresos, estructura social y empleo en los hogares que se endeudan - Septiembre 2026
8 de septiembre de 2026

Fuente: Fundación Encuentro en base a EPH-INDEC
Los datos sobre morosidad en la Argentina, que alcanzaron un nuevo rĆ©cord de 12,9% en julio (BCRA 2026) abrieron el debate acerca de las causas de este fenómeno. El Gobierno sostiene que los argentinos estĆ”n tomando mĆ”s crĆ©dito porque los bancos lo otorgan mĆ”s, porque hay mĆ”s financiamiento disponible. Entonces, la morosidad se explicarĆa por los errores tanto de los bancos, al otorgar crĆ©ditos de manera poco criteriosa, como de los tomadores de crĆ©dito, por sobreestimar su propia capacidad de pago. El anĆ”lisis de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) para la serie 2016-2026 indica que esto no es asĆ: de acuerdo a estos datos, los hogares argentinos no estĆ”n recurriendo a financiamiento en mayor proporción que antes. Por lo tanto, el universo de quienes recurren al financiamiento no cambió drĆ”sticamente de un aƱo a otro: lo que cambió fueron las
condiciones para pagar.
Esto abre una serie de interrogantes sobre los hogares que recurren a financiamiento: ¿Cómo se componen? ¿Quiénes son sus jefes y jefas? ¿Dónde viven? ¿CuÔles son sus ingresos? Responder a estas preguntas permite dimensionar no sólo la magnitud del fenómeno, sino también su heterogeneidad. En este sentido, los datos mÔs relevantes son los siguientes:
El 58,7% de los hogares urbanos recurrió a financiamiento en el 1er trimestre de 2026.
El punto mƔs alto de la serie (61,6%) se registra en el 4to trimestre de 2019.
En cuanto a las modalidades, se observa que un 33,7% de los hogares reporta recurrirsolo a cuotas o fiado; un 17,5% combina distintos medios de financiamiento; 4,9% pideprestado solo a familiares o amigos; y 2,7% pide sólo a bancos o financieras.
Los hogares con niƱos/as convivientes recurren a financiamiento en mayorfrecuencia (62,8%) que los hogares sin niƱos/as (52,7%).
Los hogares con jefes/as asalariados formales recurren a financiamiento con mayorfrecuencia (71,1%) que los asalariados informales (55,8%).
7 de cada 10 hogares de mayores ingresos (deciles 8 a 10) se financian. Son el sectorque mƔs recurre a financiamiento.
Entre los hogares de menores ingresos (deciles 1 a 3), 6 de cada 10 recurren a fifinanciamiento.
El Noroeste es la región en la que mÔs gente reporta recurrir a financiamiento, con 7 decada 10 personas que afirman pedir prestado para llegar a fin de mes.
Introducción
El aumento de la morosidad es una de las expresiones mĆ”s visibles āy mĆ”s durasā de las dificultades de ingresos que atraviesan los hogares argentinos. Los datos recientes muestran un crecimiento marcado de las personas que registran deudas impagas: segĆŗn información reciente basada en la Central de Deudores del BCRA, la proporción de deudores en mora se mĆ”s que duplicó de 13,6% hasta octubre de 2024 a 27,8% en junio de 2026 (FernĆ”ndez, 2026). Si se considera el monto de dinero en situación irregular, la morosidad de las familias alcanza el 15,5% del total adeudado, frente al 5,2% en Brasil y 3,0% en Chile (FMI, 2026).
Este aumento de la morosidad abrió el debate acerca de sus causas. Una de las explicaciones que buscan instalar desde el Gobierno sostiene que los hogares argentinos estĆ”n recurriendo cada vez mĆ”s al crĆ©dito como consecuencia de una mayor disponibilidad de financiamiento. Desde esta perspectiva, el crecimiento de la mora podrĆa explicarse, en parte, por decisiones inadecuadas de las entidades financieras al otorgar crĆ©dito y de los propios hogares al sobreestimar su capacidad de pago. Como si de un dĆa al otro, la gente y los bancos hubieran cambiado bruscamente sus criterios sobreestimando la capacidad de pago de quienes toman crĆ©dito, y todos se dispusieran a tomar innecesariamente crĆ©ditos que no pueden pagar.
El anĆ”lisis de la Encuesta Permanente de Hogares para el perĆodo 2016-2026 muestra algo muy diferente. Los datos de la EPH de los Ćŗltimos 10 aƱos no muestran un crecimiento sustantivo de la proporción de hogares que declara recurrir a distintas formas de financiamiento. Es decir, el universo de hogares que recurre a estas estrategias no parece haber cambiado drĆ”sticamente en los Ćŗltimos aƱos āo, al menos, no lo reporta la EPHā. Esto obliga a desplazar la mirada: si no son muchos mĆ”s los hogares que recurren al financiamiento, el aumento de la morosidad no puede explicarse Ćŗnicamente por una expansión de ese universo. El interrogante pasa entonces a ser quĆ© cambió en las condiciones en las que esos hogares deben afrontar sus obligaciones.
A partir de esta perspectiva, el informe busca responder una serie de preguntas que los registros de deuda no permiten abordar: ¿Cómo se componen los hogares que recurren al financiamiento?
¿Quiénes son sus jefes y jefas? ¿Dónde viven? ¿CuÔles son sus ingresos? Responderlas permite no sólo dimensionar el fenómeno, sino también comprender su heterogeneidad y, sobre todo, avanzar en una interpretación del aumento de la morosidad que no presuponga que cada vez son mÔs los hogares que recurren al financiamiento.
Aspectos metodológicos
Trabajar datos sobre financiamiento en base a la EPH implica partir de una advertencia central: la EPH no es un registro de personas endeudadas como la Central de Deudores del Banco Central. Por lo tanto, no permite identificar quiénes pueden afrontar sus obligaciones y quiénes no, ni conocer los montos involucrados, la situación de cumplimiento de las deudas o los destinos del crédito. Por esta razón, este informe utiliza el concepto de financiamiento, y no el de endeudamiento: la EPH permite identificar a los hogares que declaran haber recurrido a distintas estrategias de financiamiento, pero no determinar si esas estrategias se tradujeron en una deuda que puede o no ser afrontada.
Su principal aporte es otro: permite observar cómo son los hogares que recurren al financiamiento. A diferencia de los registros administrativos del sistema financiero, la EPH permite conocer su composición, la presencia de hijos e hijas, sus niveles de ingreso, la región en la que viven y otras caracterĆsticas sociales y económicas. De este modo, permite complementar la información sobre crĆ©dito y morosidad con una mirada sobre las condiciones de vida de los hogares y sobre las estrategias que utilizan para sostener sus gastos. Sin embargo, se trata de una encuesta y no de un registro. Es decir que los valores que surgen de ella son una inferencia estadĆstica (como el empleo o los ingresos promedio), lo cual constituye un dato diferente al que se puede extraer del registro de deudores, por ejemplo.
Para este anĆ”lisis se utiliza la serie de la EPH correspondiente al perĆodo 2016-2026 y, especĆficamente, las preguntas incluidas en el bloque āEstrategias del hogarā. AllĆ se pregunta si, durante los tres meses anteriores al relevamiento, las personas del hogar han vivido de pedir prĆ©stamos a familiares o amigos, de pedir prĆ©stamos a bancos, financieras u otras instituciones, o de comprar en cuotas o al fiado con tarjeta de crĆ©dito o libreta. Estas preguntas no relevan la existencia de una deuda en sentido financiero, sino el recurso a distintas formas de financiamiento como parte de las estrategias desplegadas por los hogares.
Serie histórica: ¿hay mÔs endeudamiento?
En el primer trimestre de 2026, el 58,7% de los hogares urbanos declaró haber recurrido a algĆŗn tipo de financiamiento en los tres meses previos. Este valor no constituye un mĆ”ximo histórico ni muestra un salto reciente en la proporción de hogares que recurren a esta estrategia. Por el contrario, a lo largo de toda la serie, iniciada en 2016, la proporción se mantiene relativamente estable, alrededor del 59% de los hogares. El punto mĆ”s alto se registró en el cuarto trimestre de 2019, cuando alcanzó el 61,6%. Incluso los niveles observados en 2024 y 2025 ācercanos al 59%ā se encuentran dentro del rango habitual de la serie. En otras palabras, no se observa una expansión extraordinaria de la cantidad de hogares que Endeudamiento en los hogares. Ingresos, estructura social y empleo en los hogares que se endeudan | SEPTIEMBRE 2026 4 recurren al financiamiento: es una estrategia extendida y persistente de los hogares argentinos, que se mantiene relativamente estable a lo largo del tiempo.
Esto permite distinguir dos fenómenos que suelen presentarse como si fueran equivalentes: la cantidad de hogares que recurren al financiamiento y la dificultad para hacer frente a las obligaciones asumidas. Mientras la primera no muestra un crecimiento significativo āy en 2026 se ubica prĆ”cticamente en el promedio de toda la serieā, la mora sĆ alcanzó niveles rĆ©cord segĆŗn los registros del BCRA. El problema, entonces, no parece ser que de repente los hogares hayan comenzado a tomar crĆ©dito masivamente, sino que las mismas estrategias de financiamiento se desarrollan en condiciones de pago diferentes. Esta lectura resulta ademĆ”s consistente con la baja profundidad del crĆ©dito a los hogares en Argentina: segĆŗn la base Global Debt Database del FMI, la deuda de los hogares equivalĆa en 2024 a apenas el 4,7% del PBI, un nivel muy bajo en comparación internacional.
GrƔfico 1. Porcentaje de hogares que recurren a financiamiento (2016-2026)

Fuente: Fundación Encuentro en base a EPH-INDEC (2016, 2017, 2018, 2019, 2020, 2021, 2022, 2023, 2024, 2025 y 2026).
Modalidades de financiamiento
En cuanto a las modalidades, en el primer trimestre de 2026 el 41,3% de los hogares no declaró recurrir a ninguna de las estrategias relevadas, mientras que el 33,7% declaró recurrir exclusivamente a cuotas o fiado, el 17,5% combinó distintas modalidades, el 4,9% recurrió exclusivamente a familiares o amigos y el 2,7% exclusivamente a bancos o financieras. En conjunto, estos resultados muestran que el financiamiento de los hogares se canaliza mayoritariamente a través de mecanismos vinculados al consumo cotidiano y a relaciones personales, antes que mediante la solicitud directa de préstamos a entidades financieras.
GrƔfico 2. Modalidad de financiamiento

Fuente: Fundación Encuentro en base a EPH-INDEC (1er trimestre de 2026).
Como se destacó previamente, estas categorĆas surgen de las preguntas del bloque āEstrategias del hogarā de la EPH. En particular, se pregunta: āĀæEn los Ćŗltimos tres meses, las personas de este hogar han vivido... de pedir prĆ©stamos a familiares/amigos?ā; āĀæEn los Ćŗltimos tres meses, las personas de este hogar han vivido... de pedir prĆ©stamos a bancos, financieras, etc.?ā; y, para la principal categorĆa, āĀæCompran en cuotas o al fiado con tarjeta de crĆ©dito o libreta?ā. Esta Ćŗltima formulación presenta una limitación metodológica que debe ser tenida en cuenta al interpretar los resultados: la EPH agrupa en una misma categorĆa las compras en cuotas o al fiado y no permite distinguir entre distintos tipos de tarjetas. AsĆ, el 33,7% que aparece como āsolo cuotas/fiadoā no puede interpretarse directamente como hogares que utilizan crĆ©dito bancario. AdemĆ”s, en el uso cotidiano, cuando las personas hablan de ātarjeta de crĆ©ditoā, no necesariamente distinguen si se trata de una tarjeta bancaria, una tarjeta no bancaria o una tarjeta asociada a un comercio. Por eso, esta categorĆa debe entenderse como una medida amplia de financiamiento del consumo y no como un indicador especĆfico de acceso al crĆ©dito bancario.
Composición del hogar
La composición del hogar tambiĆ©n muestra diferencias relevantes en el recurso al financiamiento. Los hogares con niƱos/as convivientes recurren a alguna forma de financiamiento con mucha mayor frecuencia que aquellos sin niƱos/as: 62,8% frente a 52,7%, respectivamente. La diferencia no es menor: seis de cada diez hogares con niƱos/as recurren a algĆŗn mecanismo de financiamiento, lo que sugiere que, para una parte importante de las familias, financiarse forma parte de las estrategias con las que sostienen la reproducción cotidiana y los gastos asociados a la crianza. AsĆ, 54,4% de los hogares que recurren a financiamiento son hogares con niƱos/as convivientes.
GrÔfico 3. Hogares que recurren a financiamiento según presencia de niños/as convivientes

Fuente: Fundación Encuentro en base a EPH-INDEC (1er trimestre de 2026).
En este sentido, el financiamiento no aparece solamente como una estrategia para acceder a bienes de consumo, sino también como un recurso al que recurren los hogares para sostener las condiciones materiales de vida de sus hijos e hijas. Dicho de otro modo, cuando hay niños/as en el hogar, la necesidad de garantizar alimentación, vestimenta, educación, salud y otros gastos vinculados a la crianza puede hacer mÔs frecuente el recurso a distintas formas de financiamiento.
Al desagregar mĆ”s segĆŗn el tipo de hogar, la mayor proporción se observa entre las parejas con niƱos/as, donde el 64,4% recurre a financiamiento, seguidas por los hogares monomarentales, con 61,4%. Entre los hogares sin niƱos/as convivientes, la proporción es menor: 56,2% en las parejas sin niƱos/as convivientes y 50,8% entre quienes no tienen pareja ni niƱos/as convivientes. Los hogares monoparentales con jefe varón presentan una proporción de 55,2%. En conjunto, los datos muestran que la presencia de niƱos/as convivientes constituye una caracterĆstica especialmente relevante para comprender el recurso de los hogares al financiamiento y que, en particular, los hogares que sostienen económicamente tareas de crianza se encuentran entre los que con mayor frecuencia recurren a estas estrategias.
GrÔfico 4. Hogares que recurren a financiamiento según composición

Fuente: Fundación Encuentro en base a EPH-INDEC (1er trimestre de 2026).
Nivel de ingresos
El nivel de ingresos también marca diferencias importantes en el recurso al financiamiento, aunque la relación no es lineal. Para analizarla, los hogares se ordenan en diez grupos de igual tamaño según sus ingresos, llamados deciles: el decil 1 reúne al 10% de los hogares con menores ingresos y el decil 10 al 10% con mayores ingresos. Los datos muestran que el recurso al financiamiento aumenta particularmente entre los hogares de mayores ingresos. El decil 9 es el que mÔs recurre a financiamiento, con el 72,5% de los hogares, seguido por el decil 10, con el 66,1%, y el decil 8, con el 67,0%. En conjunto, 7 de cada 10 hogares de los deciles 8 a 10 recurren a algún mecanismo de financiamiento, convirtiendo a los hogares de mayores ingresos en el grupo que mÔs utiliza estas estrategias. En los deciles inferiores, en cambio, la proporción es menor: el 50,2% de los hogares del decil 1, el 60,8% del decil 2 y el 56,3% del decil 3 recurren a financiamiento. Es decir, 6 de cada 10 hogares de los tres deciles de menores ingresos se financian, aunque con diferencias importantes entre ellos. Los deciles intermedios presentan niveles relativamente estables: 55,9% en el decil 4, 59,8% en el 5, 58,7% en el 6 y 59,6% en el 7. La distribución, por lo tanto, muestra que el financiamiento no es una estrategia exclusiva de los hogares de menores ingresos: por el contrario, alcanza su mayor incidencia entre los hogares ubicados en la parte alta de la distribución.
GrƔfico 5. Hogares que recurren a financiamiento por decil de ingresos (2026)

Fuente: Fundación Encuentro en base a EPH-INDEC (1er trimestre de 2026)
Una explicación importante de este patrón se encuentra en los instrumentos mediante los cuales se produce el financiamiento. Como vimos, la principal modalidad relevada por la EPH es la compra en cuotas o al fiado con tarjeta de crĆ©dito o libreta. El acceso y uso de tarjetas de crĆ©dito estĆ” fuertemente asociado a la inserción en el empleo formal y, por esa vĆa, a mayores niveles de ingresos. Los hogares de ingresos medios y altos tienen, en general, mayor acceso a estos instrumentos y mĆ”s posibilidades de registrar en la EPH alguna estrategia de financiamiento. Esto ayuda a explicar el salto que se observa en los deciles 8, 9 y 10 y, particularmente, el mĆ”ximo del decil 9. En los hogares de menores ingresos, en cambio, el acceso a estos instrumentos es mĆ”s restringido, aunque eso no significa que no recurran al financiamiento: alrededor de 6 de cada 10 hogares de los deciles 1 a 3 lo hacen. A su vez, aunque los hogares donde se concentran las personas jubiladas āparticularmente en los deciles 4 y 5ā pueden contar con tarjetas de crĆ©dito, su utilización como mecanismo de financiamiento es menor. Por eso, que los hogares de mayores ingresos aparezcan como los que mĆ”s recurren al financiamiento no significa que tengan una mayor necesidad económica de endeudarse, sino que tambiĆ©n refleja diferencias en el acceso, disponibilidad y uso de los instrumentos con los que los hogares financian sus gastos.
Inserción laboral y acceso al financiamiento
La condición ocupacional de quienes recurren a financiamiento tambiĆ©n parece desmentir la hipótesis del Gobierno de cesación de pagos por falta de responsabilidad individual: los datos de la EPH parecen indicar que los desocupados āquienes no tienen ingresos para afrontar los pagosā recurren a financiamiento al menos en 12 veces menos que los ocupados y casi 10 veces menos que los inactivos, quienes en general poseen ingresos por jubilación.
GrÔfico 6. Acceso al financiamiento según condición ocupacional

Fuente: Fundación Encuentro en base a EPH-INDEC (1er trimestre de 2026).
A la vez, la condición de formalidad de la inserción laboral del jefe o jefa del hogar también presenta una asociación relevante con el recurso al financiamiento. Entre los hogares cuyos jefes o jefas son asalariados formales, el 71,1% recurre a alguna de las modalidades relevadas por la EPH, mientras que entre aquellos con jefes o jefas asalariados informales la proporción desciende al 55,8%. La diferencia alcanza los 15,3 puntos porcentuales y muestra que los hogares vinculados al empleo formal recurren al financiamiento con mayor frecuencia.
Este resultado no implica necesariamente una mayor necesidad de financiamiento entre los hogares con inserciones laborales formales. Por el contrario, puede estar reflejando diferencias en el acceso al financiamiento. La principal modalidad relevada por la EPH comprende las compras en cuotas o al fiado con tarjeta de crĆ©dito o libreta, mecanismos cuyo acceso y utilización se encuentran asociados con la estabilidad y la formalidad de los ingresos. En este sentido, la menor proporción observada entre los hogares con jefes o jefas asalariados informales podrĆa expresar mayores restricciones para acceder a determinados instrumentos, y no una menor necesidad de financiar sus gastos. A la vez, este dato tambiĆ©n parece ir en contra de la hipótesis del Gobierno acerca de que quienes piden prestado son los que menos pueden pagar.
GrÔfico 7. Acceso al financiamiento según condición de formalidad

Fuente: Fundación Encuentro en base a EPH-INDEC (1er trimestre de 2026).
Región
El recurso al financiamiento presenta tambiĆ©n diferencias marcadas segĆŗn la región del paĆs. El Noroeste (NOA) es la región donde una mayor proporción de hogares recurre a financiamiento: 68,2%, seguido por la Patagonia, con 64,9%, y Cuyo, con 62,2%. La región Pampeana se ubica en un nivel intermedio, con 60,8%, mientras que el Gran Buenos Aires presenta una proporción menor, de 56,1%. En el extremo opuesto se encuentra el Noreste (NEA), donde el 50,5% de los hogares recurre a algĆŗn mecanismo de financiamiento. La diferencia entre las dos regiones extremas alcanza casi 18 puntos porcentuales. Este resultado muestra que el recurso al financiamiento presenta una heterogeneidad territorial significativa que no puede explicarse Ćŗnicamente por el nivel de ingresos de los hogares.
Una primera hipótesis para comprender estas diferencias es que la estructura del mercado de trabajo y, particularmente, el acceso efectivo a instrumentos financieros podrĆan estar jugando un papel relevante. El recurso al financiamiento estĆ” fuertemente asociado a las compras en cuotas y al uso de tarjetas, y estas posibilidades no se distribuyen necesariamente de la misma manera entre las regiones. En el caso del NEA, donde existe una importante presencia del empleo estatal, serĆa esperable una mayor estabilidad de los ingresos de una parte de los hogares, pero esto no necesariamente se traduce en un mayor recurso a las modalidades de financiamiento captadas por la EPH: tambiĆ©n importa quĆ© instrumentos estĆ”n disponibles, cuĆ”les se utilizan efectivamente y cuĆ”les son las pautas de consumo y financiamiento predominantes. Otra hipótesis es la composición de los hogares: dado que la presencia de niƱos/as convivientes estĆ” asociada a una mayor recurrencia al financiamiento, diferencias regionales en la estructura familiar podrĆan contribuir a explicar parte de la brecha. Finalmente, tambiĆ©n podrĆan intervenir diferencias en los niveles y composición de los ingresos, el grado de inclusión financiera y las caracterĆsticas de los mercados comerciales locales, incluyendo la extensión de las compras en cuotas y al fiado. Estas hipótesis deberĆ”n ser contrastadas con cruces adicionales de la EPH, pero permiten interpretar la brecha regional mĆ”s allĆ” de una explicación basada exclusivamente en la pobreza o en el nivel de ingresos.
GrÔfico 8. Hogares que recurren a financiamiento por región (2026)

Fuente: Fundación Encuentro en base a EPH-INDEC (1er trimestre de 2026)
Conclusiones
Los datos de la EPH permiten poner en cuestión la explicación oficial ācada vez mĆ”s extendida en los medios de comunicaciónā sobre el aumento de la mora: que los hogares argentinos se habrĆan volcado masivamente al crĆ©dito y que el problema serĆa, en Ćŗltima instancia, que tomaron mĆ”s deuda de la que podĆan pagar. La serie histórica muestra otra cosa. En el primer trimestre de 2026, el 58,7% de los hogares urbanos recurrió a alguna forma de financiamiento, un valor prĆ”cticamente idĆ©ntico al promedio de toda la serie y muy por debajo del mĆ”ximo de 61,6% registrado en el cuarto trimestre de 2019. No hay una explosión reciente de hogares que recurren al financiamiento. La gente no empezó de repente a pedir crĆ©dito masivamente: continĆŗa utilizando estrategias de financiamiento que forman parte de las prĆ”cticas habituales de los hogares. Lo que sĆ alcanzó niveles extraordinarios es la mora.
AdemĆ”s, el financiamiento no se distribuye de manera homogĆ©nea. Los hogares con niƱos/as convivientes recurren con mayor frecuencia a estas estrategias que aquellos sin niƱos/as ā62,8% frente a 52,7%ā, lo que muestra que financiarse forma parte tambiĆ©n de las estrategias con las que los hogares sostienen la reproducción cotidiana y los gastos asociados a la crianza. A su vez, el recurso al financiamiento es mayor entre los hogares de ingresos altos: el 72,5% del decil 9 recurre a alguna modalidad y, en conjunto, alrededor de 7 de cada 10 hogares de los deciles 8 a 10 se financian. Esto no significa que los hogares de mayores ingresos tengan una mayor necesidad económica de endeudarse, sino que tienen mayor acceso y utilización de instrumentos como las tarjetas de crĆ©dito y las compras en cuotas. En los deciles 1 a 3, de todos modos, 6 de cada 10 hogares tambiĆ©n recurren al financiamiento, aunque probablemente a travĆ©s de instrumentos y condiciones diferentes.
Las modalidades tambiĆ©n muestran que āfinanciamientoā no equivale automĆ”ticamente a ācrĆ©dito bancarioā. El 33,7% de los hogares declara recurrir exclusivamente a cuotas o fiado, mientras que apenas el 2,7% declara recurrir exclusivamente a bancos o financieras. La propia formulación de la EPH āque agrupa cuotas, fiado, tarjeta de crĆ©dito y libretaā obliga a interpretar estos resultados con cautela. Lo que aparece es un conjunto amplio de estrategias mediante las cuales los hogares organizan sus gastos y consiguen consumir hoy y pagar despuĆ©s. Por eso, reducir el fenómeno al comportamiento de los bancos o a supuestas decisiones irracionales de los hogares implica perder de vista la diversidad de mecanismos a travĆ©s de los cuales las familias resuelven sus necesidades cotidianas.
Finalmente, las diferencias regionales muestran que tampoco existe un Ćŗnico patrón territorial: el recurso al financiamiento alcanza al 68,2% de los hogares del NOA y al 50,5% del NEA, con diferencias que deberĆ”n ser profundizadas a partir de la estructura del mercado de trabajo, el acceso a instrumentos financieros, la composición de los hogares y las caracterĆsticas de los mercados locales. En suma, el principal problema que surge de estos datos no es que los hogares hayan decidido financiarse mĆ”s que antes, sino que las condiciones en las que lo hacen se deterioraron. La misma estrategia de recurrir a cuotas, tarjetas, fiado, familiares, amigos, bancos o financieras puede producir resultados muy diferentes cuando caen los ingresos reales, aumentan los gastos y se reduce la capacidad de pago. Mirar la mora sin mirar estas condiciones lleva a responsabilizar a quienes recurren al financiamiento por una situación que excede sus decisiones individuales. Los hogares no se volvieron repentinamente irresponsables ni los bancos descubrieron de un dĆa para otro el crĆ©dito: lo que cambió es la capacidad de los hogares para afrontar una estrategia de financiamiento que ya era parte de su vida económica.
Referencias
FernĆ”ndez, MatĆas (2026). [Todo lo que querĆas saber de la mora pero tenĆas miedo de preguntar] [Publicación en X]. X. https://x.com/matifer/status/2091974966484865264
Endeudamiento en los hogares. Ingresos, estructura social y empleo en los hogares que se endeudan | SEPTIEMBRE 2026 14 Fondo Monetario Internacional (FMI). Data Mapper. Consultado por Ćŗltima vez el 5/9/2026: https://www.imf.org/external/datamapper/HH_LS@GDD/SWE
Instituto Nacional de EstadĆstica y Censos (2016). Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Base individual y hogar: total aglomerados, total interior, aglomerados de mĆ”s y menos de 500.000 habitantes. Trimestres 1, 2, 3, y 4 de 2016.
Instituto Nacional de EstadĆstica y Censos (2017). Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Base individual y hogar: total aglomerados, total interior, aglomerados de mĆ”s y menos de 500.000 habitantes. Trimestres 1, 2, 3, y 4 de 2017.
Instituto Nacional de EstadĆstica y Censos (2018). Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Base individual y hogar: total aglomerados, total interior, aglomerados de mĆ”s y menos de 500.000 habitantes. Trimestres 1, 2, 3, y 4 de 2018.
Instituto Nacional de EstadĆstica y Censos (2019). Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Base individual y hogar: total aglomerados, total interior, aglomerados de mĆ”s y menos de 500.000 habitantes. Trimestres 1, 2, 3, y 4 de 2019.
Instituto Nacional de EstadĆstica y Censos (2020). Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Base individual y hogar: total aglomerados, total interior, aglomerados de mĆ”s y menos de 500.000 habitantes. Trimestres 1, 2, 3, y 4 de 2020.
Instituto Nacional de EstadĆstica y Censos (2021). Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Base individual y hogar: total aglomerados, total interior, aglomerados de mĆ”s y menos de 500.000 habitantes. Trimestres 1, 2, 3, y 4 de 2021.
Instituto Nacional de EstadĆstica y Censos (2022). Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Base individual y hogar: total aglomerados, total interior, aglomerados de mĆ”s y menos de 500.000 habitantes. Trimestres 1, 2, 3, y 4 de 2022.
Instituto Nacional de EstadĆstica y Censos (2023). Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Base individual y hogar: total aglomerados, total interior, aglomerados de mĆ”s y menos de 500.000 habitantes. Trimestres 1, 2, 3, y 4 de 2023.
Instituto Nacional de EstadĆstica y Censos (2024). Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Base individual y hogar: total aglomerados, total interior, aglomerados de mĆ”s y menos de 500.000 habitantes. Trimestres 1, 2, 3, y 4 de 2024.
Instituto Nacional de EstadĆstica y Censos (2025). Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Base individual y hogar: total aglomerados, total interior, aglomerados de mĆ”s y menos de 500.000 habitantes. Trimestres 1, 2, 3, y 4 de 2025.
Instituto Nacional de EstadĆstica y Censos (2026). Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Base individual y hogar: total aglomerados, total interior, aglomerados de mĆ”s y menos de 500.000 habitantes. Trimestres 1 de 2026.