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La inflación se sostiene y el salario continúa deteriorándose

23 de marzo de 2026


Desde mediados de 2025, la canasta de supermercado no registra variaciones negativas, con subas semanales persistentes que consolidan una dinámica inflacionaria sostenida. En la tercera semana de marzo, la canasta aumentó un 0,6%, marcando una leve aceleración respecto de la semana previa.


Gráfico I. Persistencia de aumentos en la canasta de supermercado

Variación semanal – julio 2025 a marzo 2026

Fuente: Fundación Encuentro en base a datos de Fundación Innovación con Inclusión.


La dinámica reciente muestra, además, diferencias en la evolución de los distintos rubros. En la tercera semana de marzo, los productos frescos evidenciaron una moderación, con caídas en frutas y verduras, mientras que las carnes mostraron subas más acotadas.


Sin embargo, esta menor presión no implicó una desaceleración significativa del conjunto. Por el contrario, los aumentos se observaron en el resto de los bienes de consumo masivo. En este contexto, alimentos y bebidas sin alcohol volvió a ser la división con mayor incidencia en la variación de la canasta, con una suba del 0,7% semanal.


Gráfico II. Cambio en la composición de los aumentos

Variación semanal de subcategorías sensibles – tercera semana de marzo

Fuente: Fundación Encuentro en base a datos de Fundación Innovación con Inclusión.


La dinámica de precios de las últimas semanas muestra un ritmo mensual en torno al 2,2% para la canasta, que resulta significativamente más elevado en alimentos y bebidas sin alcohol (2,6%), de acuerdo con la mensualización de la variación diaria reciente. Este comportamiento resulta particularmente relevante, dado que se trata de bienes esenciales con alta incidencia en el consumo de los hogares, especialmente en los sectores de menores ingresos.


Además, considerando la evolución de los precios regulados, en particular, combustibles, es poco probable que la inflación de marzo se ubique por debajo del 3%, consolidando un piso inflacionario elevado.


En este contexto, los ingresos enfrentan crecientes dificultades para acompañar la evolución de precios. Aun cuando algunos componentes volátiles muestran cierta moderación, la mayor difusión de los aumentos hacia el resto de los bienes de consumo masivo y la presión adicional de los precios regulados refuerzan la inercia inflacionaria.


De este modo, el salario real vuelve a deteriorarse, en un escenario donde la recomposición de los ingresos no logra compensar el ritmo de aumento de los precios, particularmente en bienes esenciales, donde el impacto es más directo.

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