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Aumentos tarifarios: la falacia del costo real

Introducción El gobierno argentino volvió a aumentar las tarifas de energĆ­a, que en algunos casos llevan acumulado casi un 600% de incremento en lo que va del aƱo, impactando directamente en la economĆ­a de todas las familias del paĆ­s. Bajo el lema de que los hogares deben pagar ā€œlo que realmente cuesta la energĆ­aā€, las autoridades justifican estas subas de tarifas sin asumir la responsabilidad sobre las decisiones de polĆ­tica pĆŗblica que influyen en la factura final que pagan los usuarios.


Es imposible hablar de un "costo de la energía" en abstracto, puesto que ese costo estÔ estrechamente vinculado con las políticas que decide o deja de implementar el Estado. Es decir: la postura del gobierno de desentenderse del valor final de las tarifas es simplemente un pretexto para no asumir la responsabilidad que tiene como gestión.


Como se verÔ en este informe, la actual gestión energética ha adoptado una posición pasiva, dejando de lado oportunidades clave para reducir costos y mejorar la infraestructura de los servicios energéticos. En lugar de utilizar los recursos estratégicos y las condiciones favorables del mercado para aliviar el peso sobre los consumidores, el gobierno ha preferido trasladar sus ineficiencias a los usuarios finales.


  • A pesar de comenzar el aƱo con precios de energĆ­a históricamente bajos en dólares, en julio de 2024, el costo de la generación aumentó a 95,5 USD por MWh (mayor al de julio de 2023, y superior al promedio que se ha pagado entre 2013 y 2023).


  • El peso del pago de los servicios pĆŗblicos de gas natural y energĆ­a elĆ©ctrica en relación con los ingresos para las familias de menores ingresos pasó de ser del 3,9% en noviembre de 2023 al 12,8% en agosto de 2024.


  • Se pasó de un sistema que focalizaba subsidios en las familias de ingresos medios y bajos, a uno que subsidia a todos los hogares residenciales.


  • Con costos de generación crecientes, el gobierno no ha avisado a la fecha cómo va a continuar el camino de quita de subsidios para dar previsibilidad a las familias.


AsĆ­, la afirmación de que los usuarios deben pagar ā€œlo que realmente cuesta la energĆ­aā€ se convierte en una falacia que una falta de visión y compromiso con las verdaderas necesidades del paĆ­s. 1. Cómo se Componen las Tarifas de EnergĆ­a ElĆ©ctrica


Las tarifas que pagan todas las familias en Argentina reflejan la sumatoria de cuatro componentes claves:


  • Generación. Es el precio con el que se paga la generación de energĆ­a y se encuentra regulado por la SecretarĆ­a de EnergĆ­a de la Nación.

  • Transporte. Incluye los costos asociados al traslado de la energĆ­a desde los puntos de generación hasta los de consumo.

  • Distribución. Corresponde a las empresas que entregan la electricidad a los usuarios finales. Las tarifas de distribución estĆ”n reguladas por el Ente Nacional Regulador de la EnergĆ­a (ENRE) en el caso de las empresas EDENOR y EDESUR. El resto de las distribuidoras se regula segĆŗn la provincia en que se encuentre.

  • Impuestos. Incluyen cargas fiscales a nivel provincial y nacional.

Entonces, cuando una familia paga la tarifa, estĆ” pagando estos cuatro componentes. Los ā€œsubsidios a la energĆ­a elĆ©ctricaā€ se producen 

a) a nivel nacional, cuando lo que se paga por el componente ā€œenergĆ­aā€ no llega a cubrir lo que se debe pagar a las empresas generadoras de energĆ­a (que se representa en el ā€œprecio monómicoā€)1 

b) a nivel de cada jurisdicción cuando lo que se paga por la distribución (lo que se denomina ā€œValor Agregado de Distribuciónā€ o VAD) no cubre los costos de las empresas2. 2. ĀæQuĆ© significa que debemos pagar lo que sale la energĆ­a?


El discurso que el gobierno intenta consolidar afirma que se debe trasladar a las tarifas que pagan las familias el costo real de la energĆ­a. Sin embargo, esto esconde que el valor de esa energĆ­a no viene ā€œdadoā€ sino que estĆ” Ć­ntimamente relacionado con las decisiones de polĆ­tica que se tomen desde el mismo gobierno. Hay dos posiciones que puede adoptar el Estado para reducir la cuenta de subsidios energĆ©ticos en las que las tarifas reflejen el costo ā€œrealā€ de la energĆ­a. La primera es una posición pasiva, en la cual las autoridades optan por no involucrarse en la determinación del costo y sólo se concentran en trasladarlo, cualquiera sea el valor, a las tarifas de las familias.

2. ¿Qué significa que debemos pagar lo que sale la energía?


El discurso que el gobierno intenta consolidar afirma que se debe trasladar a las tarifas que pagan las familias el costo real de la energĆ­a. Sin embargo, esto esconde que el valor de esa energĆ­a no viene ā€œdadoā€ sino que estĆ” Ć­ntimamente relacionado con las decisiones de polĆ­tica que se tomen desde el mismo gobierno. Hay dos posiciones que puede adoptar el Estado para reducir la cuenta de subsidios energĆ©ticos en las que las tarifas reflejen el costo ā€œrealā€ de la energĆ­a. La primera es una posición pasiva, en la cual las autoridades optan por no involucrarse en la determinación del costo y sólo se concentran en trasladarlo, cualquiera sea el valor, a las tarifas de las familias. La segunda opción consiste en concentrarse desde la polĆ­tica energĆ©tica en la ā€œreducción de costos del sistemaā€ y tomar decisiones de polĆ­tica pĆŗblica para lograr que la energĆ­a cueste menos y, por lo tanto, que el traslado a los usuarios tenga un menor

impacto.


Dicho simplemente: si producir y distribuir la energĆ­a cuesta menos, pagar el ā€œcosto real de la energĆ­aā€ para un usuario cuesta menos.


3. La posición ā€œpasivaā€ de la SecretarĆ­a de EnergĆ­a en 2024


La gestión actual de la SecretarĆ­a de EnergĆ­a partió de una posición favorable al contar con precios relativamente bajos de generación de energĆ­a en comparación con administraciones anteriores. Como se ve en el grĆ”fico 1, en diciembre de 2023 y enero de 2024, gracias a las obras del Gasoducto ā€œPresidente NĆ©stor Kirchnerā€ (GPNK) y de lluvias que permitieron aumentar la generación hidroelĆ©ctrica, el MWh de la generación costó 20 USD menos que en 2023.

Sin embargo, la Secretaría evitó tomar decisiones que permitirían en el corto y mediano plazo asegurar precios mÔs bajos en la generación de energía. A saber:


  • Retraso en las obras complementarias del Gasoducto Presidente NĆ©stor Kirchner. A pesar de las previsiones climĆ”ticas, la SecretarĆ­a optó por retrasar la finalización de obras clave complementarias al gasoducto inaugurado en 2023. Esto limitó la capacidad de transportar gas de Vaca Muerta a diferentes regiones del paĆ­s, obligando al gobierno a depender de insumos importados mĆ”s costosos.

  • Decisión tardĆ­a de importar GNL. A pesar de contar con información desde enero, la SecretarĆ­a postergó la compra de GNL hasta Ćŗltimo momento, lo que resultó en la necesidad de adquirir gas a precios elevados en el mercado internacional y puso, en mayo de 2024, en riesgo de desabastecimiento de gas a todo el paĆ­s3. Esta falta de previsión incrementó los costos de generación y, por ende, las tarifas o subsidios necesarios para compensar estos costos.


  • Default a las generadoras de energĆ­a elĆ©ctrica. A pesar de haber recibido precios históricamente bajos de generación elĆ©ctrica, el gobierno no previó el pago de esa generación, lo que culminó en una quita en el pago a la generación, abriendo un potencial pasivo litigioso.


  • Baja de licitación de energĆ­a tĆ©rmica. En julio de este aƱo, la SecretarĆ­a de EnergĆ­a dio de baja una licitación finalizada en noviembre de 2023 que permitĆ­a reforzar la generación tĆ©rmica en nodos crĆ­ticos. A la par, se hizo pĆŗblica la preocupación de fallas en la generación de energĆ­a en el verano.

  • Anuncio de privatizaciones. En el marco de los anuncios de privatizaciones y concesiones al sector privado de energĆ­a, la SecretarĆ­a de EnergĆ­a ha evitado pronunciarse sobre sus polĆ­ticas de corto y mediano plazo para el sector. La preocupación por asegurar ganancias al sector privado choca de manera directa con las previsiones para la población. Las medidas no tomadas han tenido un efecto claro, como muestra el GrĆ”fico 2: a pesar de haber comenzado 2024 con un costo de generación bajo, a partir de julio de 2024 el costo ha sido superior al de 2023 y la proyección de la industria, conforme la información pĆŗblica disponible muestra costos de generación proyectados mĆ”s elevados hasta octubre de 2024.


En conclusión, a lo largo de 2024 podemos ver tanto: 1) el efecto del GPNK en la reducción del costo de la energía; como 2) el efecto de la actitud pasiva de la Secretaría de Energía en el aumento de los costos de generación. 4. Evolución de las Tarifas en 2024 e inconsistencias del discurso oficial


Ahora bien, si el costo de la energía no estÔ dado, ¿cómo se paga ese valor cuando el precio pagado por los usuarios no es suficiente para cubrir el costo de la generación? La Secretaría de Energía llevó adelante este proceso de dos maneras, por un lado, trasladando el mayor costo a los usuarios finales y, por el otro, realizando por primera vez en la historia un default a las generadoras de electricidad. Es decir, en los primeros meses de gobierno, cuando la energía era la mÔs barata de los últimos años medida en dólares, el gobierno optó por cortar la cadena de pago a las empresas generadoras4.


ĀæCómo puede ser que a la vez que subieron las tarifas, se les dejó de pagar a a las empresas? La respuesta es que los aumentos tarifarios han sido ineficientes e innecesarios, escondiendo bajo el lema de ā€œpagar lo que sale la energĆ­aā€, la la mala gestión de la SecretarĆ­a de EnergĆ­a. La población paga por la ineficiencia del gobierno.


5. Evolución de las Tarifas en 2024 e inconsistencias del discurso oficial


En lo que va de 2024, las tarifas de energƭa elƩctrica en el Ɓrea Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) han experimentado aumentos desproporcionados, llegando casi al 600% para algunos hogares.


En tƩrminos de cobro de tarifas, los hogares residenciales se dividen en: a) mayores ingresos o N1, b) ingresos medios o N3, y c) menores ingresos o N2.


Como se ve en la imagen, los aumentos tarifarios se han distribuido de manera desigual según el nivel de ingresos de los hogares. Las familias con ingresos mÔs bajos (segmento N2) han visto a iguales niveles de consumo, incrementos acumulados de entre 334-598%, mientras que las familias del segmento N3 han enfrentado aumentos de hasta el 615%. Este panorama muestra una disparidad preocupante: los sectores de menores ingresos, quienes mÔs dependen de los subsidios, son los que proporcionalmente mÔs han visto subir sus tarifas.


A pesar de este incremento significativo, es crucial señalar que estas subidas no se reflejan necesariamente en una reducción de los subsidios a la energía. Contrario a lo que podría esperarse, las tarifas crecientes no han logrado cerrar la brecha entre el costo real de la energía y el precio que pagan los usuarios finales.


El objetivo de que las familias paguen "lo que realmente cuesta la energía" estÔ lejos de alcanzarse. A septiembre de 2024, la cobertura de los costos de la energía eléctrica no llega al 100% en ningún segmento de usuarios finales, y mucho menos en los residenciales. En promedio, la cobertura del costo de abastecimiento de gas es del 55% para los usuarios N1, mientras que los usuarios N2 y N3 pagan solo el 20% y 25% del costo, respectivamente. Del mismo modo, la cobertura de costos eléctricos se ubica en el 86% para los usuarios N1, y en 24% y 38% para los N2 y N3, respectivamente.

Esto indica que, aunque las tarifas han aumentado de manera significativa, aún queda un largo camino para alcanzar el costo pleno de la energía si los subsidios fueran eliminados. La falta de previsión y la gestión pasiva de la Secretaría de Energía han llevado a un escenario en el que los aumentos no se traducen en una reducción efectiva de subsidios, sino en un mayor peso financiero para las familias sin el beneficio de una cobertura completa de los costos. 6. Futuro de la política de subsidios


En mayo de este aƱo el gobierno nacional anunció un ā€œPerĆ­odo de transición hacia subsidios energĆ©ticos focalizadosā€, que supuestamente deberĆ­a finalizar el 30 de noviembre de 2024, con la posibilidad de prorrogarlo hasta seis meses adicionales. Durante este perĆ­odo, el gobierno ha anunciado su intención de reestructurar los subsidios a la energĆ­a para asegurar que los ā€œcostos realesā€ se trasladen progresivamente a los usuarios limitando los subsidios a los sectores mĆ”s vulnerables.


Sin embargo, aunque el discurso oficial subraya la previsibilidad y gradualidad en la implementación, la realidad muestra una preocupante falta de claridad y consistencia en las acciones del gobierno. A la fecha, con solo tres meses restantes para el término del Período de Transición, no se ha publicado información concreta sobre cuÔl serÔ el régimen de subsidios a partir de diciembre de 2024 ni cómo las familias podrÔn afrontar los costos de la energía. Esta falta de previsibilidad es alarmante, especialmente considerando que la carga económica sobre los hogares ha aumentado de manera drÔstica durante el año.

AdemÔs, el gobierno decidió desacoplar los aumentos tarifarios de los aumentos en el salario, una relación que venía establecida en función del Coeficiente de Variación Salarial (CVS). Para hacerlo, argumentó que esos topes resultaban en subsidios crecientes que no podían ser sostenidos por el Tesoro Nacional. Sin embargo, este ajuste, lejos de traer claridad, deja a las familias en una posición incierta respecto a cuÔl serÔ el impacto real en sus finanzas y qué medidas tendrÔn que tomar para enfrentar posibles incrementos tarifarios aun mayores.


De esta manera, como seƱalan los estudios del Observatorio de tarifas y subsidios IIEP (Instituto Interdisciplinario de EconomĆ­a PolĆ­tica - UBA Conicet), hasta el 2024 ā€œel peso mĆ”ximo de los servicios pĆŗblicos energĆ©ticos sobre el salario RIPTE se observa en junio de 2019 con una carga del 5,6% sobre el salario promedio registradoā€. En agosto de 2024, ā€œ(...) tomando el ingreso mĆ­nimo de cada segmento de ingresos, la factura promedio de los servicios pĆŗblicos de luz y gas en el AMBA tiene un peso de 1,8% para los N 1, de 12,8% para los N 2 y de 4,4% para los N 3ā€ con respecto al salario. Resaltando nuevamente que la polĆ­tica del gobierno nacional afecta desproporcionadamente a los sectores de ingresos mĆ”s bajos. Con respecto al camino de subsidios a futuro, la SecretarĆ­a de EnergĆ­a ha anunciado la implementación de un esquema que llamó ā€œCanasta BĆ”sica EnergĆ©ticaā€ (CBE), propuesto como la solución futura para focalizar los subsidios. Sin embargo, aĆŗn no tiene una fecha clara de inicio ni un plan detallado de ejecución. Se anuncia una transición hacia un modelo ā€œmĆ”s justo y eficienteā€, pero a 9 meses de su anuncio no se brinda información para que las familias puedan planificar su economĆ­a. La falta de un sistema definido y operativo para el acceso a subsidios despuĆ©s del PerĆ­odo de Transición genera incertidumbre y contradice los principios de previsibilidad y gradualidad que el gobierno proclama. 7. Conclusión


A lo largo de 2024, las tarifas de energía eléctrica para algunas familias han experimentado aumentos de hasta un 600%, sin que estos incrementos se traduzcan en una reducción efectiva de los subsidios ni en una cobertura completa de los costos de generación. Esto no solo contradice la narrativa oficial, sino que agrava la situación económica de los sectores mÔs vulnerables.


La ausencia de un plan claro para el período post-transición y la falta de un cronograma detallado sobre la implementación del esquema de Canasta BÔsica Energética (CBE) generan una incertidumbre que impacta negativamente en la capacidad de las familias para planificar su economía. En lugar de ofrecer la previsibilidad y gradualidad prometidas, el gobierno ha optado por medidas que, lejos de mejorar nuestro sistema energético, trasladan los costos de su ineficiencia a los usuarios finales.


AdemÔs, la decisión de desacoplar los aumentos tarifarios de los incrementos salariales mediante la eliminación del vínculo con el CVS muestra un claro desinterés por proteger el poder adquisitivo de los hogares. Esta postura no solo incrementa la carga financiera del pago de servicios esenciales sobre los consumidores, sino que también pone en riesgo la viabilidad del acceso a servicios bÔsicos como la electricidad y el gas para muchas familias.


El gobierno se enfrenta a una encrucijada: continuar justificando los aumentos tarifarios bajo el pretexto de "pagar lo que cuesta la energía," mientras las decisiones de política energética no reflejan un compromiso real con la reducción de costos, o implementar un cambio radical en la estrategia, enfocÔndose en la gestión de los recursos energéticos que priorice la eficiencia, la transparencia y la equidad. Hasta ahora, las acciones tomadas sugieren que se ha optado por la primera opción.





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